Sobre la Catedral de Cuernavaca

La Catedral de Cuernavaca es la sede de la diócesis católica del mismo nombre en México. Es un edificio del siglo XVI, lo que la convierte en una de las catedrales más antiguas del país. Originalmente fue erigida como convento de la Asunción, la quinta fundación franciscana en México. Se estableció en 1525 por los doce primeros frailes franciscanos que llegaron al país, con la ayuda de un nuevo grupo recién llegado de España. La catedral de Cuernavaca forma parte del conjunto de conventos bajo la denominación Primeros monasterios del siglo XVI en las faldas del Popocatépetl declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994.

DATOS HISTÓRICOS

La catedral de Cuernavaca, se encuentra ubicada en la esquina formada por la avenida Morelos y la calle de Hidalgo. El convento de esta localidad, quinta fundación franciscana en México, fue establecido en 1525 por los doce primeros frailes franciscanos que llegaron al país, con la ayuda de un nuevo grupo recién llegado de España al que pertenecían fray Antonio Maldonado, fray Antonio Ortiz, fray Alonso de Herrera y fray Diego de Almonte.

En 1529 se ratificó la fundación formal del monasterio. Los trabajos de construcción del conjunto monástico se iniciaron en el siglo XVI en terrenos donados por Juana de Zúñiga de Cortés. El atrio, la capilla abierta, la iglesia de la Asunción, y el convento abarcaban originalmente una enorme área.

El año de 1522, grabado en un monograma de la Virgen María en la entrada norte del templo, no indica -según Markman- la culminación de toda la fachada, sino que para esta fecha casi todo el establecimiento estaba por finalizarse.

Podemos afirmar con cierta seguridad que el templo de Nuestra Señora de la Asunción estaba terminado antes de 1574, porque en esta fecha murió un fraile que, según Mendieta, acostumbraba subirse a las bóvedas de la iglesia, “para saber a cuánto ascendían las reservas de alimentos, que los indios acostumbraban secar sobre techos planos.”

El comisario fray Alonso Ponce, visitador de las provincias franciscanas, estuvo en el conjunto conventual el 28 de diciembre de 1585, y lo encontró “acabado” y “muy bien edificado”. Cinco religiosos habitaban el claustro, que se acompañaba de “iglesia, (…), dormitorios y huerta”.

El itinerario del padre Ponce también habla de varios frailes ancianos enterrados en el convento de San Francisco, entre los que destacan las figuras de fray Francisco Cimbrón y fray Hernando de Leyva, que “vivieron y murieron con nombre de siervos de Dios (…)”. De acuerdo con estos hechos, Kubler considera que es probable que el convento haya sido utilizado como un lugar de retiro para los miembros más antiguos de la orden.

La iglesia ha sido muy renovada, de esta primera etapa constructiva sólo sobreviven el casco de la iglesia y las arcadas de la planta baja del convento, cuyo diseño, es atribuido al arquitecto Francisco Becerra calificado por Agustín Ceán Bermúdez -en el siglo XVIII- como el mejor arquitecto constructor del XVI.

A partir del siglo XVII se efectuaron algunas modificaciones al templo, que comenzaron con la construcción de dos capillas que dieron a la planta de la iglesia forma de crucero. Es posible que para ese entonces se le haya agregado la subdivisión del coro, el crucero y los altares laterales, que restaron la función central del ábside.

En el año de 1713, se levantó en el templo de la Asunción “una bóveda vaída a manera de cúpula con linternilla”. La torre, adosada a la iglesia en su ángulo sureste, lleva grabada esta misma fecha de construcción. La erección de torre y cúpula rompieron con la integración estilística y la austeridad que caracterizaban al conjunto en el siglo anterior.

Al pie de la torre se instaló un reloj, construido por un padre franciscano, que después de ser utilizado en la catedral de Segovia fue regalado por Carlos V a Hernán Cortés en el siglo XVI.

A mediados del siglo XVIII la iglesia de la Asunción ostentaba la categoría de parroquia. En esos años Villaseñor y Sánchez registró una descripción de dicho templo “adornado de todo lo concerniente al culto divino, con muchas alhajas de plata, y costosos ornamentos”; y del convento de San Francisco como “uno de los primeros de [la] Provincia.”

No tenemos más noticias del conjunto conventual hasta 1882, fecha en que un movimiento sísmico derribó el último cuerpo de la torre de la parroquia. La reconstrucción fue ordenada por el cura Vicente Salinas y Rivera, dirigida por José González Belauzaran y apadrinada por Fermín Guemes.

El 23 de junio de 1891, el Papa León XIII emitió una bula en que decretó la erección del obispado de Cuernavaca, con jurisdicción eclesiástica en el Estado de Morelos. El 30 de octubre del mismo año se realizó una misa de tres ministros en que se hizo la solemne declaración que erigía en diócesis episcopal el territorio de Morelos, y en catedral la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción.

El administrador apostólico de dicha diócesis, en tanto se nombraba el obispo, fue el arzobispo de México Próspero María Alarcón y Sánchez de la Barquera. Tres años después, el 3 de julio de 1894, su Santidad León XIII nombró como primer obispo de Cuernavaca a don Fortino Hipólito Vera.

El departamento de Monumentos Coloniales efectúo una restauración del templo en 1957. Durante estos trabajos se retiró la capa de cal que cubría las paredes y se descubrieron restos de pintura mural del siglo XVIII que representan la llegada a Japón y el martirio del santo mexicano Felipe de Jesús y sus compañeros. Otros frescos de gran calidad que alberga este edificio muestran al Papa Inocencio II bendiciendo a los misioneros, y motivos florales y geométricos en blanco y negro.

En la segunda mitad del siglo XX el templo conservaba aún un bello retablo churrigueresco bañado en oro, dos altares laterales con columnas de fuste y capiteles, y una escultura de madera de la Santísima Virgen. Su capitel es notable, por tratarse del sitio donde se celebró la primera misa.

El monasterio, situado al oriente de la iglesia, cuenta todavía con claustro, refectorio, celdas, biblioteca y corredores. El aspecto exterior de la catedral de Nuestra Señora de la Asunción , ha sido comparado con la parroquia de Santiago Tlatelolco.

ATRIO

El atrio del conjunto funcionó en una época como cementerio. Este espacio ha constituido desde siempre la parte central del conjunto, en cuyos ángulos es posible que en un principio se encontraran capillas posas, hoy sustituidas por edificios.

Se trata de una explanada en forma de “L”, cuyos ejes van de Norte a Sur, (de la puerta septentrional de la iglesia de la Asunción a la puerta septentrional del atrio), y de Oriente a Poniente (de la puerta occidental del atrio a la cruz del atrio).

Actualmente conserva su forma original, pero “la construcción de (…) edificios ha reducido su tamaño.” A la atipicidad característica del atrio, edificado lejos de la plaza, se suma la sensación de aislamiento que produce en sus visitantes la muralla que lo rodea.

La cruz atrial, construida probablemente antes que la capilla abierta y la iglesia, no guarda ninguna relación con ellas. Conserva su base original, un prisma cuadrangular de 1.70 x 1.70 metros, que de acuerdo con McAndrew se trata de un “cuaxucalli”, caja de piedra usada originalmente para los sacrificios humanos. El empleo de este objeto prehispánico en un símbolo cristiano, representa el triunfo de la religión católica sobre la pagana.

La cruz de cantera monolítica, tiene como única ornamentación una inscripción dispuesta en diagonal con la leyenda: “INRI”. El atrio cuenta también con un monumento destinado al recuerdo de “algunos españoles que fueron asesinados”.

CAPILLA ABIERTA

La capilla abierta, dedicada al señor San José, fue edificada en la primera mitad del siglo XVI, y es la parte más antigua que se conserva del monasterio. Es posible que Cortés haya promovido su construcción durante el periodo en que residía en Cuernavaca para que los misioneros pudieran bautizar y catequizar a los indígenas, ya que no sólo tendría el deseo, sino también los medios suficientes para costearla.

En su edificación participaron los pueblos de Tletlama, Cuentepec, Miacatla, Temixco, San Francisco Coatlán, Mazatepec, San Miguel Coatlán, Cuauchichinola, Huajitlán, Panchimalco, Tlatenchi, Huitzila, Coajomulco, Ocotepec, Temilpa, Santa María Ahuecatitla, Tetela y Tlaltenango.

Según McAndrew, se trata de uno de los monumentos abovedados más antiguos e importantes del continente, cuyo estilo arquitectónico -de autor anónimo- no tiene precedente en México ni en España. Construida en forma paralela al eje de la iglesia, “consta de una o varias naves perpendiculares (…), y en el centro de ellas se abre un presbiterio” que cubre al sacerdote que oficia y algunos de los fieles.

Esta capilla sólo tiene sentido en relación con el atrio -al que se abre por los botareles, ya que el espacio interno de la primera, sirve como altar del segundo. El inmueble es a la vez la “capilla-pórtico” y la “capilla- portería” más antigua que existe; no hay conflicto entre ambas funciones porque el espacio es bastante amplio.

Debido a daños ocasionados por el terremoto de 1882, fue necesario hacer algunas reparaciones a la capilla abierta. McAndrew propone que quizás en esta época le haya provisto de un nuevo remate.

Digna de mención es la pintura del “Linaje espiritual de San Francisco”, resguardada en el interior de la capilla abierta, que representa escenas de la vida de Asís y un conjunto de santos y santas de la Orden, todo orlado por el cordón franciscano.

Este lienzo, desgraciadamente muy deteriorado, recuerda no sólo a los incunables que representan linajes de santos, sino también a las genealogías indígenas.

CAPILLA DE LA SANTA CRUZ

La capilla de la Santa Cruz, ubicada hacia el Norte de la capilla mayor, guarda en su interior unas cruces que, según cuenta la leyenda, fueron encontradas por un indígena en el interior de un zapote blanco.

El padre Vetancourt explica el supuesto milagro como un producto de la naturaleza. Aún se conserva la costumbre de sacar cuatro de estos maderos en procesión el día de la Santa Cruz.

CAPILLA DE LOS DOLORES

Otra capilla que es necesario mencionar es la de Dolores, localizada al Poniente de la iglesia y construida en el siglo XVIII.

CAPILLA DEL CARMEN

La capilla del Carmen se ubica al lado Noroeste del atrio. Fue construida a fines del siglo XIX por el presbítero de Cuernavaca Miguel María Velez -que también participó en la edificación del templo de San José- gracias a los donativos de la familia Bermejillo de Chiconcuac. En su interior, de una sola nave, existe un altar mayor de estilo neoclásico.

CAPILLA DE LA TERCERA ORDEN

La fábrica de la iglesia del Tercer Orden, al Noroeste del atrio de la catedral, se inició gracias a la iniciativa del licenciado Enrique de Jerez, ministro hermano mayor de la Orden de San Francisco, en el siglo XVIII. A esta capilla se le dio planta de cruz latina y una sola nave dividida en sotocoro, nave, crucero y ábside. El primer obispo de Cuernavaca, Sr. Fortino Vera, instaló un seminario en sus anexos.

Once años mas tarde, en 1746, Villaseñor y Sánchez hace referencia al seminario de la Tercera Orden como: “compuest(o) de lo más notable de la Villa, (y) dirigid(o) por su comisario”.

La capilla de la Tercera Orden no permaneció ajena a los embates del movimiento revolucionario; en 1916, el general carrancista Pablo González instaló su cuartel en los anexos de dicho edificio. Vargas Lugo la considera un importante ejemplo del barroco dieciochesco novohispano.

TEMPLO DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

El templo de Nuestra Señora del Carmen fue erigido en el mismo predio, al lado Noroeste del atrio. Su construcción, bajo los auspicios del padre Veñez y la familia Bermejillo, data de la segunda década del siglo XVIII. Cuenta con una sola nave, decorada en estilo neoclásico.

BIBLIOGRAFÍA

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– Baxter. Arquitectura.
– Cárdenas Argudon, Laura María. Estudio histórico-artístico de los edificios del siglo XVI en el conjunto de la catedral de Cuernavaca. (Tesis de maestría), México, Universidad Iberoamericana, l978.
– Ciudad Real, Antonio. Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España. Relación breve y verdadera de algunas cosas de las muchas que sucedieron al padre fray Alonso de Ponce en las provincias de la Nueva España, siendo comisario general de aquellas partes, México, UNAM, 1976, (Serie historiadores y cronistas de las Indias: 6).
– Diez, 1933.
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– Ferran. Ciudades.
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– Mendieta. Historia eclesiástica indiana, México, Editorial Porrúa, 1980.
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– Salinas, Miguel. Historias y paisajes morelenses. México, Imprenta de Patricio Sanz, 1924.
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– Toussaint, Manuel. Arte Colonial en México. México, UNAM, 1990.
– Vázquez, Cuernavaca.

OBSERVACIONES

Se conserva la construcción intacta realizada desde el siglo XVI. El atrio ha constituido desde siempre la parte central del conjunto, en cuyos ángulos es posible que en un principio se encontraran capillas posas, hoy sustituidas por edificios.

Se trata de una explanada en forma de “L”, cuyos ejes van de Norte a Sur, (de la puerta septentrional de la iglesia de la Asunción a la puerta septentrional del atrio), y de Oriente a Poniente (de la puerta occidental del atrio a la cruz del atrio). Actualmente conserva su forma original, pero “la construcción de edificios ha reducido su tamaño”.

A la atipicidad característica del atrio, edificado lejos de la plaza, se suma la sensación de aislamiento que produce en sus visitantes la muralla que lo rodea. El entrepiso de los tapancos es de bóvedas de tracería.